Todos tenemos una Ítaca.
No es solamente una isla. Es el lugar donde queremos llegar porque es allí donde sabemos que seremos quienes somos. Es nuestra mejor versión, nuestra vocación, la vida con sentido.
El viaje de Ulises, Odiseo, no es solamente el regreso de un guerrero a su hogar, como relata Homero. Es el viaje que cada hombre y cada mujer deben hacer para volver a sí mismos.
Y ese camino está lleno de obstáculos, de desafíos, de trampas, de complicaciones. Es la vida misma. La obra de Homero describe diferentes retos en el camino a Itaca. Analicémoslos.
1) El monstruo de un solo ojo: el poder que nos esclaviza
No representa solamente la fuerza física. Representa todo poder desproporcionado que puede terminar devorando nuestra libertad.
Hoy ese cíclope puede llamarse empresa, trabajo, dinero, éxito profesional, poder político o incluso un cliente del que dependemos absolutamente. Como los compañeros de Odiseo, muchas personas sienten que viven encerradas en la cueva de un gigante que consume sus días, su familia, su salud y su tiempo.
La salida no suele venir de enfrentarlo con más fuerza. Como enseña Odiseo, la salida aparece mediante la inteligencia y el coraje de recuperar la propia libertad pero sin exceder el enojo del poderoso. La venganza de Poseidón es el poder de los poderosos.
2) Circe: cuando dejamos de ser plenamente humanos
Circe posee un poder inquietante. No mata a los hombres. Los convierte en animales, es decir, hace que su instinto animal prime sobre el humano. Ese es quizás uno de los mayores riesgos contemporáneos.
La violencia cotidiana. El odio. La cosificación del otro, los abusos, la agresividad en las redes sociales disfrazada de ironía y de impunidad. La incapacidad para dominar nuestros impulsos. Cada vez que dejamos que el instinto gobierne completamente la razón y los valores, algo de nuestra humanidad queda reducido.
Todos llevamos dentro un ser racional… y también una bestia. El poder que muestra Circe nos pregunta quién gobierna.
3) Las Sirenas: las seducciones que prometen felicidad
Las Sirenas nunca obligan, seducen. Prometen aquello que parece irresistible.
Hoy siguen cantando. Cantan desde el dinero fácil. Desde la corrupción. Desde el consumo ilimitado. Desde el reconocimiento inmediato. Desde la fama. Desde el sexo convertido en facilidad. Desde las adicciones.
El gran aprendizaje de Odiseo y que muestra conducta de vida, es extraordinario. No dice que uno pueda ignorarlas. Las escucha pero se hace atar. Es decir, acepta previamente límites para no destruirse cuando la tentación sea mayor que su voluntad. Quizás esa sea una de las mayores enseñanzas: la libertad necesita límites elegidos por uno mismo. Esa elección del límite nos hace libres: uno mismo decide.
4) Remolinos y monstruo: la sabiduría de elegir el mal menor
Hay momentos en la vida donde no existe la solución perfecta. Hay que elegir.
Y toda elección implica perder algo. Muchos sufrimientos provienen precisamente de querer una alternativa inexistente. Odiseo comprende que salvar a toda su tripulación es imposible. Debe aceptar una pérdida menor para evitar una tragedia total. Pasa la tormenta por el medio de la serenidad sabiendo que esa vía lo conduce a perder hombres frente al monstruo del estrecho.
También nosotros enfrentamos estas situaciones. Entre dos trabajos imperfectos, entre dos tratamientos médicos. Entre decisiones difíciles que nos obligan a no ganar todo sino lo posible. La madurez consiste muchas veces en comprender que ceder no siempre significa perder. En ocasiones es precisamente la forma de seguir avanzando.
5) Calipso y su belleza: la comodidad que nos detiene
La ninfa que lo salva del naufragio no amenaza. Por el contrario, lo cuida. Nunca lo contradice, le brinda un lugar sereno y es asi como hace confortable el estancamiento.
Le ofrece a Odiseo placer, la seguridad. Incluso inmortalidad.
Solo le pide una cosa: que deje de regresar. ¿Cuántas personas viven hoy atrapadas en su zona de confort? La rutina anestesia, agota. La comodidad que poco a poco va apaga los sueños. Es adicción a la droga del quedarse quieto.
La verdadera prisión muchas veces no tiene barrotes. Tiene almohadones.
6) El Hades: el encuentro con nuestras heridas
Antes de continuar, Odiseo debe bajar al mundo de los muertos.
No puede evitarlo. Debe mirar aquello que duele. Encontrarse con quienes ya no están. Escuchar verdades difíciles. Toda persona necesita, alguna vez, realizar ese descenso.
Revisar la propia historia. Hacer las paces con el pasado. Llorar pérdidas. Aceptar fracasos y muchas veces perdonar y perdonarse. Solo quien atraviesa esa oscuridad puede seguir caminando con mayor libertad.
7) Atenea: la inteligencia que nos guía
En todo el viaje aparece Atenea. No elimina los problemas.No pelea las batallas de Odiseo.
Hace algo más importante: ayuda a pensar. Lo orienta. Le recuerda que debe pensar quién es. Quizás todos necesitamos una Atenea. Puede ser un maestro, un padre, un amigo, un libro. Un terapeuta del alma o simplemente la voz más sabia que existe dentro de nosotros mismos.
8) La gran enseñanza
La felicidad no consiste en vivir sin obstáculos.
Eso es imposible. La felicidad consiste en atravesarlos sin perder aquello que somos.Quizás por eso La Odisea sigue emocionándonos tres mil años después. Porque todos estamos haciendo el mismo viaje que hizo Odiseo.
No hacia una isla llamada Ítaca. Sino hacia ese lugar interior donde, finalmente, podemos decir:
“He llegado a ser quien verdaderamente estaba llamado a ser.”
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