Es paradójico. Ambas son disciplinas que conducen al ser humano a mirar su interior, a intentar comprender la vida y a reglar como vivirla. Sin embargo su diferencia fundamental surge cuando les toca interpretar la muerte. Para una es el comienzo de la vida eterna, para otra es justamente el final de la vida. Me refiero a la Religión y a la Filosofía. Tanto una como otra han nacido y crecido intentando demostrar su verdad sobre la muerte. Es que sus clientes se lo demandan. La angustia del hombre lo reclama. El único ser viviente que es consciente que va a morir es el ser humano y precisamente es esta conciencia lo que le produce ansiedad, temor, depresión. Nace entonces la angustia del tiempo limitado, la incertidumbre de la fecha de caducidad, la pregunta del cuando, del como, del "¿Que pasa después?". Y haciendo un resumen muy audaz las respuestas se diferencia primero por tener dos protagonistas distintos: para las religiones la solución a esta angustia llega a través de "Otro", es decir de un ser Supremo al que llaman Dios; para la Filosofía llega a través de "Uno mismo" y no llega a través de la ayuda de ninguna divinidad. Primera gran diferencia. La segunda es la actitud del hombre frente a la muerte. Para la religión la reflexión sobre el fin de la vida debe basarse en la humildad y en la fe. Para la filosofía en la razón y en la reflexión, actividades que para los religiosos son muestra de arrogancia y falta de confianza. Es que la religión pide a gritos falta de raciocinio a cambio de serenidad. El razonamiento profundo pone en duda las explicaciones de la religión y esta exige, a cambio de la esperanza de vida tras la muerte, el renunciamiento del hombre a su libertad de pensar. La batalla es muy clara. La religión pide que se abandone la razón para hacerle sitio a la fe. Y con la fe "vende" una medicina extremadamente seductora anti angustia, que combate los temores a la muerte: nos anuncia que existe vida después de la muerte. Promociona que esta no es el final sino que creer que lo es es una ilusión. Su argumento es justamente lo que proclama: la muerte, muy por el contrario de ser el fin de una etapa, es el comienzo de la Vida que no termina, donde además -por si lo anterior no fuere suficiente- tendremos la dicha de reencontrarnos con todos aquellos que murieron previamente (amigos, parientes, conocidos) y comenzaron esta existencia eterna. Caramba. Pues hay que reconocer que las religiones tienen un producto extra-ordinario, que solo su enunciado lo convierte en estrella del marketing y hasta casi lo convierte en demasiado bonito para ser cierto. Es por ello que a la Filosofía le cuesta mucho competir. Su producto no tiene estas características. No vende un paraíso. Ni tampoco un infierno. La filosofía propone ser libre antes que esclavo de la fe, propone creer en nuestra capacidad de razonar antes que el confort de tercerizar nuestra conciencia en un libro sagrado escrito por Otro. La filosofía nos propone la sabiduría en lugar de la salvación. Es que "salvarse" supone un motivo que nos oprime, que nos impide ser felices. Para las religiones precisamente ese el gran objetivo: la salvación post mortem. Y la Filosofía se pregunta ¿Salvarse de que? En definitiva, la Religión y la Filosofía difieren ante la muerte. No hay duda. Ella ha logrado separarlas. Los religiosos sostienen que es sabio quien se ocupa de su vida para vivir tras la muerte. Los filósofos al revés: buscan la sabiduría en la vida. Montaigne decía que filosofía es "aprender a morir". Sin descartar esta reflexión yo pienso lo contrario, que filosofía es "aprender a vivir" mientras la religión es consuelo ante la muerte. No hay duda: la muerte las separa.
Reflexionar sobre la libertad supone reflexionar sobre nuestras vidas, sobre nuestras decisiones, sobre nuestra actividad diaria. La libertad es una aptitud, una capacidad, una competencia para actuar. El Diccionario de la RAE lo define como “ facultad natural que tiene el hombre de obrar de una u otra manera y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. El ejercicio de este poder del ser humano para hacer o no hacer, llamado libertad, implica, en los hechos, elegir y decidir. Por eso viene a cuento al analizar el proceso que supone ser libre, la síntesis y crítica que realizo a continuación del libro "El valor de elegir” de Fernando Savater, quien encara la profundización del tema desde su origen. Vamos despacio. En primer lugar, destacar que esta es una obra filosófica bien escrita, es decir de accesible lectura pese a la complejidad y a la profundidad de su cavilación sobre un privilegio tan delicado como la libertad humana, la responsabilidad moral y la capac...
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